Desde su inicio, el hombre y el perro han tenido una relación de conveniencia, ya que el hombre necesitaba del olfato y la fuerza de las mandíbulas del perro para cazar grandes presas y el perro necesitaba de la organización del ser humano para beneficiarse de la cacería y poder comer.
Con el paso del tiempo, el hombre deja de ser cazador y ejerce una nueva actividad, el pastoreo, donde el perro, gracias a su facilidad para recorrer grandes distancias trotando sin cansarse, ayuda al hombre a traer el rebaño a los corrales para su cuidado y conservación.
La evolución del hombre y de las sociedades da como resultado que el perro deje de desempeñar actividades que antes realizaba, lo que provoca la pérdida de instintos, por ejemplo: ya no agudizaba su olfato como lo hacía en la caza y ya no era necesario recorrer grandes distancias.
A finales de 1800, Max von Stephanitz, se da cuenta de la pérdida de estas capacidades y se dedica a crear una serie de reglamentos para poder criar de manera adecuada a un Pastor Alemán que conserven estas cualidades, estos reglamentos prevalecen y hoy en día son fundamentales para el buen criador.
En FRAICA, estamos totalmente convencidos de seguir estos reglamentos para brindar certeza y seguridad de estar criando perros estables, perfectamente entrenables y al mismo tiempo, capaces de reaccionar para cuidar su territorio y a su manada.