Toda persona mayor de edad, a partir de que tenga bienes, y más importante aún, a partir de que tenga hijos, debe tener un testamento, ya que es la única forma 100% válida de designar qué destino tendrán los bienes al momento de la muerte (es decir, cómo y a quién se van a repartir), y aún más relevante, qué persona será la encargada de cuidar a sus hijos (tutor), y qué persona será la encargada de vigilar los gastos y cuidados de dicha persona (curador).
No dejar testamento al momento del fallecimiento genera problemas muy serios: (i) es mucho más rápido llevar una sucesión con testamento que una sin testamento; (ii) la disposición del dinero, la entrega de bienes y el nombramiento de los tutores y curadores es muchísimo más rápida cuando se deja testamento; (iii) evita problemas, burocracia y pleitos familiares.
Uno de los principales problemas al momento del fallecimiento cuando se tienen hijos menores de edad, es el cuidado y manutención de los niños, la cual, cuando no hay testamento, queda en el “aire” y a criterio del juez correspondiente.